miércoles, 8 de abril de 2026

El Oro de Colera, Girona, Catalunya. La mina «Carolina».


Joan Abella i Creus
Sabadell
Gemólogo especializado en Diamante por la Universidad de Barcelona
joanabellacreus@gmail.com


Introducción

«Una mina es una consecuencia de la historia» (Joan Abella i Creus), y el yacimiento de Colera constituye un ejemplo paradigmático que merece ser reconocido con toda la relevancia que le corresponde. Sin embargo, esta mina ha permanecido prácticamente invisible para determinados sectores profesionales de nuestro país, a pesar de su extraordinario potencial. El conjunto minero de Colera reúne una serie de características únicas que, sin duda, pueden convertirlo en un referente a escala global: entre otros aspectos, conserva intactas diversas galerías explotadas durante la época romana, que permanecen selladas desde aquel período. Esta singularidad ofrece una oportunidad excepcional para profundizar en el estudio de la minería antigua y en la comprensión de nuestro pasado industrial.

En este contexto histórico de larga duración, resulta especialmente relevante la última etapa de explotación aurífera en el término de Colera, que se enmarca en la transición de la preindustrialización a la industrialización catalana del siglo XIX. Se trata de un período en el que conviven, de manera particularmente significativa, técnicas extractivas de tradición artesanal con los primeros intentos de incorporar procedimientos inspirados en la nueva mentalidad industrial. Esta situación de carácter híbrido no solo refleja el carácter de cambio propio de la época, sino que ha permitido también la preservación de ejemplares de oro primario que han llegado hasta nuestros días. Su existencia constituye un testimonio de alto interés para el patrimonio mineralógico de nuestro país.


Los primeros mineros de Colera

En la excavación arqueológica de un sepulcro de corredor del Neolítico medio, realizada en 1979 en el conocido Dolmen del Solar d'en Gibert, situado en Rabós d'Empordà, a poco más de tres kilómetros del monasterio de Sant Quirze de Colera, se recuperaron, entre otros objetos, cinco cuentas de oro. Estas piezas, hoy expuestas en el Museu d'Arqueologia de Catalunya (sede de Girona), han sido atribuidas al período del Neolítico final, con una cronología estimada entre el 3500 y el 2200 a.C.

Esta datación concuerda con el hallazgo, en el exterior de la mina Carolina de Colera, de un martillo lítico de percusión con escotadura central, de aproximadamente 16 x 8,5 x 6 centímetros y un peso de 1 kilogramo, características que lo hacen especialmente funcional como herramienta manual de minería.


Neolithic stone hammer with central notch, exterior of the Carolina gold mine, Colera

Martillo lítico de percusión, de escotadura central, exterior mina Carolina, fotografía de Joan Abella i Creus.

Lamentablemente, no se dispone de un análisis isotópico que permita determinar si el oro procedía efectivamente de la zona de Colera. Dado que la proximidad con el río Orlina, conocido históricamente por sus sedimentos auríferos, sugiere diversas posibilidades de origen, por el momento la procedencia exacta permanece incierta.

Gracias a las recientes investigaciones de la Universidad de Granada, se sabe que las representaciones rupestres de embarcaciones a vela del yacimiento de Laja Alta, en Jimena de la Frontera (Cádiz), datan de entre el cuarto y el tercer milenio a.C., lo que evidencia el uso de la navegación a vela en el Mediterráneo occidental ya en ese período.


Rock art representation of a sailing vessel, Laja Alta site, Jimena de la Frontera, Cádiz

Representación rupestre de una embarcación a vela del yacimiento de Laja Alta, en Jimena de la Frontera (Cádiz).

Si se tiene en cuenta esta evidencia, así como el hallazgo de una cuenta de oro bitroncónica en el sepulcro neolítico de la cueva denominada Cau del Tossal Gros, en Torroella de Montgrí, datada entre el Neolítico final y el inicio del Calcolítico, no puede descartarse que el oro pueda proceder del yacimiento de Colera.

La pieza está depositada en el Museu del Mediterrani de Torroella de Montgrí (núm. de inventario 1299), tiene unas dimensiones de 61,6 mm de longitud, 12,3 mm de anchura máxima, 0,3 mm de espesor y 6,9 mm de diámetro en los orificios, con un peso de 11,18 gramos.


Neolithic bitruncated gold bead from Cau del Tossal Gros, Torroella de Montgrí, Museu del Mediterrani

Cuenta de oro hallada en el Cau del Tossal Gran de Torroella de Montgrí, depositada en el Museu del Mediterrani de Torroella de Montgrí (núm. de inventario 1299).

En este período, la explotación del yacimiento de Colera se habría llevado a cabo principalmente a cielo abierto. La erosión diferencial de la roca encajante a lo largo del filón de cuarzo aurífero provocaba la formación de crestas de cuarzo emergentes que, sometidas a procesos meteorizadores, se encontraban parcialmente fisuradas. Para facilitar su fragmentación, los mineros disponían haces de leña a lo largo de la cresta; el calor generado por el fuego favorecía la fracturación térmica, lo que permitía desmenuzar el filón. Una vez desmantelada la parte superior, no puede descartarse que también se extrajera la base mediante el mismo procedimiento, tal como ha sido demostrado por Storemyr (2014).


Explotación en época romana

La noticia del descubrimiento de las antiguas labores romanas en Colera nos ha llegado de la pluma del corresponsal en Barcelona del diario «El Clamor Público», publicación periódica de Madrid editada desde 1844 a 1864. Concretamente, el diario del 20 de noviembre de 1851 ofrece amplia información que, al margen de interpretaciones que considero desacertadas, relata los acontecimientos de los hechos. Al parecer, hacia 1843 un campesino trabajando la tierra descubrió una pared de piedra ligada con argamasa que fue desmontando; al encontrar agua pensó que era una mina de agua y continuó retirando escombros. La noticia se extendió hasta que una compañía minera se interesó y llevó a cabo diversos trabajos hasta encontrar una galería de unos cincuenta metros de longitud, que terminaba frente a un filón de Cuarzo, pero que al no encontrar mineral de interés, abandonó las labores. Una segunda compañía minera tomó el relevo y desescombró mucho material, encontrando bastante carbón, picos y algunas otras herramientas (sin especificar); también desobstruyeron un nivel de trabajo inferior y vieron que la superficie del trabajo, unos ciento cincuenta metros cuadrados, había sido cubierta con una capa de grava y arena de unos cuarenta centímetros de espesor, y al retirar esta cubierta descubrieron el filón de Cuarzo, aunque no se percataron de que era aurífero, y también abandonaron las labores. Finalmente, una tercera compañía, la Sociedad Anónima La Conchita, fue la que descubrió la presencia de oro y quien la explotó, pero de ello nos ocuparemos más adelante.


Vista general de la mina Carolina de Colera, fotografía de Joan Abella i Creus.

Vista general de la mina Carolina de Colera, fotografía de Joan Abella i Creus.

La presencia del carbón indica que quien había abierto aquella mina empleó el método de la torrefacción para la obtención del mineral, que consistía en depositar diversos haces de leña en contacto con la roca —principalmente cuarcita— que pretendían romper, les prendían fuego y una vez la leña se había carbonizado y antes de que se convirtiera en ceniza —de ahí la gran presencia de carbón en los sedimentos interiores de la mina— echaban agua encima. Este control del fuego obedecía al conocimiento que tenían sobre el comportamiento del Cuarzo: sabían que echando agua en ese preciso momento obtenían mejores resultados. Hoy sabemos que la mayor parte del Cuarzo que encontramos en la naturaleza es la fase trigonal alfa, y que esta fase, al calentarse, cuando alcanza los 573 ºC el Cuarzo se reordena estructuralmente y cambia a la fase hexagonal beta; este cambio de fase comporta una expansión del 0,45 %. Aunque el cambio de fase sea casi instantáneo, la distribución de las tensiones internas que se genera crea una situación de inestabilidad estructural temporal. Si la temperatura se mantiene alta, estas tensiones pueden relajarse gradualmente, permitiendo que la nueva estructura beta se consolide y estabilice; pero si provocamos un enfriamiento rápido, la red cristalina no tiene tiempo de adaptarse homogéneamente, amplificando las tensiones. Sumado a que el Cuarzo no es un buen conductor térmico —de manera que el calor no se distribuye rápidamente por todo el volumen, lo que acentúa las diferencias de temperatura—, el exterior se contrae mientras el interior aún se está expandiendo, generándose un choque térmico más intenso, pues se produce una acumulación de tensiones. Este estrés interno supera la resistencia mecánica y el resultado es la rápida propagación de la fisuración hasta llegar a fracturar el Cuarzo de manera visible. La cuarcita tiende a fracturarse en placas paralelas a su superficie exterior, de ahí que las cúpulas de torrefacción tengan las paredes suaves y sin marcas de herramientas.

J.F. Healy, en su obra «Mining and Metallurgy in the Greek and Roman World», Thames and Hudson, London, 1978, estima que con este método podían avanzar hasta unos 30 centímetros por cada hoguera.
Esta técnica, ciertamente empleada en la minería romana y sobradamente documentada por los cronistas de la época, pero igualmente empleada en la península ibérica hasta bien entrado el siglo XIX, de manera que en 1843, sin existir las pruebas de datación que conocemos hoy, confirmar que los trabajos fueran de época romana era algo arriesgado. Pero si a la presencia del carbón añadimos el hallazgo de picos y otras herramientas, y las características de la explotación que podemos observar —al haberse conservado casi intacta—, sí podemos formular tal hipótesis. Pero lo que para mí es muy importante es la manera en que aquellos mineros preservaron el filón, cubriéndolo con una capa de grava y arena, a fin de tener el yacimiento preservado para una futura nueva explotación. También es importante el hecho de que la cavidad explotada fuera rellenada con buena parte de los estériles extraídos, hecho observado en otras explotaciones de la época y también en explotaciones de la Edad Media en nuestro país; entiendo que esta práctica obedecía a dos razones: una, permitir que los terrenos ocupados por los escombros de la mina pudieran reutilizarse para el cultivo, y otra, preservar el yacimiento para futuras explotaciones.

Mi teoría respecto al cierre de la mina estando aún productiva es que, dada la magnitud de los trabajos llevados a cabo en todas las minas, provocaron una deforestación que obligó a suspender los trabajos hasta la recuperación de la masa forestal, y que los acontecimientos históricos impidieron reanudarlos, quedando olvidadas hasta el siglo XIX.

El reconocimiento de las antiguas labores de la mina Carolina confirma la presencia de cúpulas de torrefacción, muy características, con forma cóncava semiesférica y paredes muy lisas, que son el resultado evidente de haber empleado el método de la torrefacción. Corrobora el uso de esta práctica la gran cantidad de restos de carbón que aún pueden encontrarse en los sedimentos antiguos de la mina.


Fire-setting cupola inside the Carolina gold mine, Colera, concave hemispherical shape, photograph Joan Abella i Creus

Cúpula de torrefacción en el interior de la mina Carolina de Colera, observándose perfectamente su característica forma cóncava semiesférica. Fotografía de Joan Abella i Creus.

El inicio de la mina, como puede observarse, fue a cielo abierto; deducimos que el filón tendría una gran potencia y un buzamiento más suave en superficie que en profundidad, lo que facilitó su explotación. Al disminuir la potencia y aumentar el buzamiento, se iniciaron los trabajos subterráneos. La amplitud y envergadura de estas labores iniciales me hace sospechar que en superficie la riqueza en Oro era mayor.

Otra noticia a considerar nos la aporta un artículo del Sr. Carl Hermann Müller, del que trataremos más adelante, que hace referencia a los trabajos que emprendió la sociedad La Conchita en la concesión Cortés, justo en la cima del Puig d'en Marquès, consistentes en desescombrar una antigua labor hasta unos cinco metros de profundidad para verificar la viabilidad de la explotación, poniendo al descubierto una mina con características muy similares a las explotadas por los romanos en el yacimiento de Três Minas, en el municipio de Vila Pouca de Aguiar, en Portugal, aunque de dimensiones mucho más modestas —donde, por cierto, se encontraron dientes de Oso.


Roman mining workings, Cortès Mine, Colera, photograph Joan Abella i Creus

Labores romanas, Mina Cortès, Colera, fotografía de Joan Abella i Creus.


También en la costa noroeste del Puig, desescombraron una galería en dirección a las labores mencionadas, que los romanos habían abierto con la finalidad de cortar los filones de Cuarzo aurífero, permitir la extracción del mineral y los estériles y servir de galería de drenaje del agua de las labores principales, pero que no llegaron a completar. En su interior he encontrado una punterola de hierro, de 14 cm de longitud, de sección rectangular de 3,5 por 4 cm y base de 6 x 5 cm, muy similar a una hallada en la mina romana La Loba, en Fuente Obejuna, en la provincia de Córdoba.


Roman iron pick, 14 cm length, found inside the Carolina mine, Colera

Punterola de hierro, de 14 cm de longitud.


La sociedad La Conchita también ejecutó trabajos destinados a desescombrar una antigua galería romana en la mina Disgusto, situada al sur de la mina Carolina, consiguiendo recuperar aproximadamente ocho metros de su longitud total, mientras que el resto sigue derrumbado e inaccesible. Los primeros metros de este sector corresponden a un plano inclinado descubierto, que permite el acceso a la galería subterránea propiamente dicha. Justo al inicio de esta galería se conserva, en excelente estado, un lucernario tallado en la pared derecha: esta abertura presenta unas dimensiones de unos 15 cm de anchura, 10 cm de profundidad en la base y 15 cm de altura. El lucernario, claramente destinado a alojar la lámpara utilizada para iluminar el área de trabajo, evidencia una ejecución cuidadosa, adaptada a las dimensiones habituales de estas lámparas romanas —que suelen medir cerca de 13 cm de longitud—, un hecho que permitía situar la lámpara de manera que la mecha sobresaliera completamente de la cavidad y se maximizara el aprovechamiento de la luz dentro del espacio subterráneo. Este detalle, además de ilustrar la funcionalidad y el ingenio de los mineros romanos, refuerza la importancia del conjunto como testimonio material de las técnicas de iluminación y de la organización del trabajo en las minas de época romana.


Roman lamp niche carved in the gallery wall of the Disgusto Mine, Colera, photograph Joan Abella i Creus

Lucernario en la galería romana de la Mina Disgusto de Colera, fotografía de Joan Abella i Creus.


El combustible con que alimentaban estas lámparas era el aceite de oliva, abundante en la zona, que les proporcionaba una iluminación de calidad, sin emisión de humos, muy duradera y con un consumo muy regular, que conocían bastante bien, de manera que las llenaban con el aceite suficiente para que les durase una jornada de trabajo; así, sin relojes y sin ver la luz del sol, al apagarse la llama de la lucerna sabían que debían regresar a casa. En la parte superior de la entrada de esta mina me llamó la atención que los antiguos explotadores dejaron intacta la parte del filón de Cuarzo, objeto de la explotación, que debido a la erosión diferencial sobresalía de la superficie; práctica que he visto en otras labores, y que entiendo dejaban a modo de testimonio: al abandonar una mina tapaban las labores y, en caso de querer reanudarlas más adelante, disponían de un punto de referencia difícil de borrar. Lo cierto es que actualmente podría resultarnos útil para localizar antiguas explotaciones.


Detail of Roman lamp niche, Disgusto Mine, Colera, photograph Joan Abella i Creus

Detalle del lucernario en la mina Disgusto de Colera, fotografía de Joan Abella i Creus.


Al norte de la mina Carolina, siguiendo el trazado actual del GR-92/E-10, justo en el llamado Pla de les Vaques, donde el GR se bifurca para ir a Portbou, pueden observarse diversos montones de piedras separados pocos metros unos de otros, que por su tipología no deben confundirse con los «clapers», tan típicos en estas comarcas como resultado del despedregado del terreno y que servían para reparar los muros, las canalizaciones de agua o las barracas de piedra seca. Estos montones, en mi opinión, eran los estériles después de que los mineros, distribuidos en cuadrillas, separaran el mineral. Material procedente de una galería que aún está completamente obstruida a escasos metros del lugar indicado.

Volviendo a la mina Carolina, al examinar el suelo de la mina, nos damos cuenta de que hay una ingente cantidad de Cuarzo triturado de granulometría milimétrica e inframilimétrica formando una gruesa capa junto con restos cerámicos, de carbón y otros estériles, lo que permite conjeturar que la obtención del Oro se hacía a pie de mina y que los restos de todo el proceso, al clausurar la explotación, se depositaron en el interior de la mina.

Es interesante mencionar al historiador Diodorus Siculus (siglo I a.C.), quien en el volumen III de su monumental obra Bibliotheca describe con gran detalle los procesos que los mineros de la época seguían una vez separado el Cuarzo aurífero del resto, y que nos ilustra cómo podrían haber sido los trabajos en el yacimiento de Colera.

«Los jóvenes» ... «recogen el mineral para llevarlo al exterior de la mina» ... «Entonces, los hombres de más de 30 años dividen en porciones la roca extraída» ... «colocándolas en morteros de piedra y golpeándola con mazos de hierro hasta que queda reducida a un tamaño menor que» ... «las semillas. Las mujeres y los ancianos reciben el polvo de roca de estos hombres, y lo colocan en una serie de molinos» ... —que podrían ser también morteros, dependiendo de la producción de cada mina— «lo muelen hasta que su porción ha sido reducida a la textura de una fina harina.» ... «En la etapa final, obreros cualificados, recogiendo esta fina arena» ... «la colocan en una artesa de madera ligeramente inclinada y vierten agua. Este flujo de agua disuelve la materia terrosa que circula hacia abajo sobre la tabla, mientras que el material que contiene el oro permanece sobre la madera a causa de su mayor peso. Después de hacer esto varias veces, lo recogen cuidadosamente con las manos, frotándolo ligeramente con esponjas para eliminar el polvo y el material terroso hasta dejar solo el oro puro. Finalmente, otros obreros cualificados recogen este producto y lo colocan en crisoles de arcilla de medidas y pesos determinados. Lo mezclan con una pieza de plomo para proporcionar la masa, granos gruesos de sal, un trozo de estaño y salvado de cebada. Cociéndolo en un horno durante cinco días y noches sin interrupción. Una vez enfriado, recuperaban el oro puro con pequeñas cantidades de escoria»; este último proceso se conoce como copelación.


General view of the Carolina gold mine, Colera, photograph Joan Abella i Creus

Vista general de la mina Carolina de Colera, fotografía de Joan Abella i Creus.


En el exterior de la galería romana de la mina Disgusto, al sur de la mina Carolina, he encontrado lo que parece ser una de estas escorias resultantes del proceso de copelación, muy singular por el elevado contenido de magnesio, asociado con zinc y otros elementos muy minoritarios, y recubierto de una costra formada por Brucita Mg(OH)2 y Smithsonita Zn(CO3) de neoformación. Creo que el magnesio procede de la sal marina.

Sabemos que, muy cerca de la costa de Colera, hay diversas minas con filones de Galena que podían suministrar el plomo necesario para este proceso. Además, encontré una pieza triangular de plomo en el escombro de la mina Carolina, la cual podría corresponder a la unidad de plomo mencionada por Diodoro de Sicilia.

¿Y el estaño? El estaño podían obtenerlo de muy cerca, concretamente, justo entre la parroquia de Sant Miquel de Colera y el depósito de Colera, paraje que en algún tiempo se llamó Pedrera de Freixes «bruxas» (sic.), y que a principios de 1847 la empresa La Conchita registró como Mina Pablo, reabriendo una galería de exploración de unos 60 metros de longitud, partiendo del punto donde era visible un filón, antiguamente explotado a cielo abierto, que contenía Casiterita SnO2, la principal mena de estaño.

Podemos completar la información de Diodorus Siculus con lo que describe Caius Plinius Secundus (23-24 al 79) en su obra Historia naturalis, que, aunque con mucho menor detalle, al referirse a la explotación del Oro en minas y pozos, nos dice que una vez triturado el Cuarzo aurífero —teniendo en cuenta que al emplear el método de la torrefacción este Cuarzo ya había sido sometido a un primer tratamiento térmico—, era lavado, tostado, molido hasta convertirlo en polvo, separado y fundido en crisoles. Por tanto, sabemos que antes de pasar a los molinos el mineral se sometía a un segundo proceso térmico que, sin duda, permitía realizar el proceso de molienda con menor tiempo y mayor efectividad.

Una vez purificado este Oro, creo que habría sido transportado a la próxima Emporiae por mar, descartando a priori una ruta interior por tres motivos principales: la duración, el riesgo de robo y el mayor coste. Una vez allí, una parte iría a algún taller especializado para elaborar joyas, y los posibles excedentes se enviarían a Roma para acuñar moneda.

El día 4 de agosto de 2014, en la costa de Colera, cerca de la punta de la Mercè y a unos veinte metros de profundidad, fue encontrada la parte metálica de un ancla de época romana: un cepo de plomo, de 95 centímetros de largo por unos 20 de ancho y un peso aproximado de 40 kilogramos. Un ancla de estas características pertenecería a un barco de unos 18 metros de eslora, según cálculos actuales, lo que concuerda con los barcos pequeños romanos que tenían entre 16 y 20 metros de eslora y podían cargar unas 70 toneladas. Dada la privilegiada situación de las minas cerca del mar, entendemos que el oro obtenido sería transportado en un barco de estas características; uno de sus destinos, la ciudad de Emporiae.
Roman lead anchor stock found off the coast of Colera, source Guardia Civil
Cepo de ancla romana, encontrado en la costa de Colera. Fuente: Guardia Civil.



Explotación en época contemporánea

El último período de explotación de las minas de Colera para la obtención de oro tuvo lugar a mediados del siglo XIX, durante un corto pero intenso intervalo que considero vale la pena dar a conocer, entre otras razones por las personalidades involucradas y el inusual eco internacional.

El interés por la re-explotación de las minas de Oro en nuestro país tuvo lugar a partir del momento en que el imperio español perdió las colonias americanas ricas en Oro, durante el primer cuarto del siglo XIX, y declina durante la segunda mitad del siglo XIX con la llegada del Oro descubierto en California (EE. UU.) y Australia.

El 18 de julio de 1846, ante el notario José Maria Morales de Llançà, se formalizó la constitución de la Sociedad Anónima La Conchita, también conocida como Sociedad Minera La Conchita. Sus fundadores fueron Joan Guanter Gironella, de Colera, hacendado, futuro juez municipal de Colera y primer presidente de la compañía; Pere Guanter, comerciante de Llançà; Pere Malagraba Masó, de Vilamaniscle; Esteva Falcó, de Llançà, que fue el primer tesorero de la compañía; y Manel Juan Camps, acaudalado comerciante de Vic establecido en Barcelona, propietario minero, que fue el primer contador de la compañía. El objetivo era la explotación minera, y el capital se dividió en 375 acciones —300 de pago y 75 liberadas, es decir, aquellas cuyo valor no se satisface pecuniariamente—. Aunque no conocemos cuál fue el valor fundacional de la sociedad, sabemos que en 1849 se vendían dos acciones por importe de 400 duros cada una, de manera que podemos estimar que el precio de cada acción fue de 400 duros y por tanto el capital inicial habría sido de 120.000 duros. Por cierto, en aquella época recibía el nombre de duro la moneda con valor de veinte reales de plata, puesta en circulación a partir de 1822; esta denominación procede, por adaptación lingüística, del término «peso duro», como también se llamaban los reales de ocho que la corona castellana comenzó a acuñar en las colonias de América en el siglo XVI. Al tratar de monedas en épocas distintas, siempre me gusta contrastar precios con el momento actual para tener una noción más acertada del valor. Por ejemplo, el sueldo de un catedrático en Madrid era de 6.000 reales anuales y en 2023 de 45.000 euros; el salario medio en España de 1846 era de 2.400 reales anuales y en 2024 es de 26.000 euros. Si tenemos en cuenta otras variables como el precio del suelo urbano en la Barcelona de 1846 y el suelo urbano a día de hoy, así como otros ejemplos de salarios, podríamos extrapolar que el valor actual del capital estaría en torno a los quince millones de euros.

El 4 de enero de 1847, y bajo la vigente ley de minas de 1825, el Sr. Manel Juan Camps registró y denunció las minas Cuzco, Hernan, Pesar, Disgusto, Cortés y Pablo, y el Sr. Pere Malagraba, la mina Carolina, que fueron demarcadas en tres pertenencias cada una (16,5 kilómetros cuadrados) entre los días 8 y 9 de junio de 1847, iniciándose de inmediato trabajos de investigación y exploración.


Map of the Colera mines surveyed in 1849 by Carl Hermann Müller, published 1854

Plano de las minas de Colera levantado en 1849 por Carl Hermann Müller. Publicado en 1854.


La sociedad nombró director general al ingeniero de minas gaditano Enrique Rosales, quien estudió en la prestigiosa escuela de minas de Freiberg, en Alemania —la Bergakademie—, de 1837/1838 a 1840/1841, y antes de incorporarse a la Sociedad La Conchita había trabajado para empresas nacionales e internacionales vinculadas a la explotación del carbón. El hecho de disponer de un ingeniero de minas en la nómina de una Sociedad en España a mediados del siglo XIX era un hecho muy singular que pone de relieve la importante inversión de los capitalistas que participaron en esta empresa de búsqueda del Oro en Colera. Sabemos que en 1849 el cuerpo de ingenieros de minas en España era de 49 miembros, la mayoría funcionarios; por tanto, contar con un ingeniero en plantilla daba cuenta de la importancia y la modernidad de una empresa que, en un contexto de transición entre la preindustrialización y la industrialización de Cataluña, conseguía incorporar perfiles técnicos altamente cualificados en un momento de escasez de ingenieros. Esta realidad evidencia el carácter avanzado y la visión de futuro de una sociedad impulsada por sectores liberales y emprendedores, que supo anticiparse a los retos de una nueva era industrial y proyectar Cataluña como motor de modernidad económica y social, en sintonía con las economías punteras de Europa.

Precisamente la relación del Sr. Rosales con la Bergakademie, especialmente con uno de sus académicos, el profesor Carl Bernhard von Cotta (1808-1879), eminente geólogo e ingeniero de minas de fama mundial que, entre muchos méritos, contribuyó al desarrollo de la geología económica y es considerado uno de los creadores de la ciencia de los yacimientos minerales; también fue responsable de la clasificación moderna de las rocas e incrementó la colección de minerales y rocas de la academia, que aún hoy es una de las mejores del mundo. Esta relación fue clave para que la empresa dispusiera de precisos estudios geológicos del yacimiento de Colera.


Carl Bernhard von Cotta, 1847, public domain photograph

Carl Bernhard von Cotta en el año 1847, fotografía de dominio público.


Von Cotta organizó una expedición de estudio a Colera en el año 1849, en la que participaron ni más ni menos que el barón Friedrich Constantin Freiherr von Beust (1806-1891), formado también en la academia de minas de Freiberg como geólogo y posteriormente licenciado en derecho; era Berghauptmann, es decir, capitán de la autoridad minera del entonces reino de Sajonia, y al cabo de dos años se convirtió en Oberberghauptmann, el máximo funcionario minero de Sajonia bajo autoridad real. Además, tuvo un papel clave en la promulgación de la ley minera sajona de 1851.


Friedrich Constantin von Beust, photograph by Hanfstaengl Hanns, Deutsche Nationalbibliothek

Beust, Friedrich Constantin von, fotografía de Hanfstaengl, Hanns, de la Deutsche Nationalbibliothek.

Precisamente él, al regresar a Freiberg, hizo donación de diversos minerales y rocas procedentes de Colera al profesor Von Cotta, algunos de los cuales aún forman parte hoy de la colección del museo de la Bergakademie de Freiberg, registrados con los números 4047, 4048, 4049, 4050, 4051, 4052, 4053 y 5054 por el propio Von Cotta en el libro de inventario.


Museum label of a mineral specimen from Carolina Mine Colera, donated by Baron Von Beust to Bergakademie Freiberg

Etiqueta de un ejemplar de la Mina Carolina de Colera, llevado por el Barón Von Beust al museo de la Bergakademie de Freiberg.

El otro miembro de la expedición fue Carl Hermann Müller (1823-1907). Hermann Müller conoció a Rosales en la academia de Freiberg en el año 1841, se formó como geólogo y se especializó en el estudio de yacimientos minerales; a partir de 1851 obtuvo diversos cargos importantes en la administración minera y publicó muchos trabajos de sus estudios e investigaciones.


Carl Hermann Müller, photograph by Max Patzig, c. 1870, Deutsche Nationalbibliothek

Carl Hermann Müller, fotografía de Patzig, Max, hacia 1870, de la Deutsche Nationalbibliothek.


Cabe señalar que la comisión de dos profesionales de la Bergakademie de Freiberg en 1849 para desplazarse desde el reino de Sajonia hasta el yacimiento aurífero de Colera, en la provincia de Girona, supone reconocer la excepcionalidad de una empresa de enorme complejidad técnica y logística en el contexto histórico del momento.

En una Europa donde la industrialización apenas se extendía y donde las infraestructuras modernas de transporte se encontraban en estado embrionario —en España, la única línea ferroviaria era entonces la de Barcelona a Mataró—, este viaje implicaba un largo periplo, con largas jornadas en diligencia y otros medios precarios. El envío de estos expertos representaba una apuesta decidida por la transferencia de conocimiento especializado y la voluntad de introducir innovaciones mineras de vanguardia. La Bergakademie de Freiberg, fundada en 1765, era reconocida en toda Europa por su excelencia en la formación técnica y científica aplicada a la minería y la metalurgia, y por la proyección de su alumnado internacional.

Esta delegación ponía de manifiesto no solo la magnitud de la inversión y la confianza depositada en la búsqueda y explotación del subsuelo catalán, sino también su carácter pionero en un país aún falto del carácter industrial que lo había precedido. El hecho se convierte así en un testimonio insólito del progreso técnico y del movimiento de saberes transnacionales en pleno siglo XIX, y revela la magnitud de los esfuerzos por conectar la periferia minera catalana con los centros neurálgicos del conocimiento europeo.

Carl Hermann Müller, acompañado por el Barón Von Beust, realizó un exhaustivo estudio del yacimiento aurífero de Colera; el dossier fue entregado a la sociedad La Conchita y en compensación la sociedad otorgó dos acciones, que se pusieron a la venta en octubre de 1849 antes de regresar a Sajonia. De las notas obtenidas, el Sr. Hermann Müller publicó un artículo en 1854, que el profesor Von Cotta incluyó en el volumen dos de la monumental obra «Gangstudien oder Beiträge zur Kenntniß der Erzgänge», bajo el título «Über die Erzgänge des Grubendistriktes von Culera in Catalonien», que contiene información privilegiada de los primeros trabajos llevados a cabo en las minas y, cómo no, de su geología. Nos sorprende que aún hoy sea el único estudio publicado sobre este interesante yacimiento.

De las noticias publicadas por el corresponsal en Barcelona del diario «El Clamor Público», el día 20 de noviembre de 1851, en referencia a la comisión formada por el Sr. Hermann Müller y el barón Von Beust, se dice que se llevaron «diferentes barriles de mineral» que fueron ensayados en Sajonia y que la noticia del hallazgo de oro fue comentada en la cámara alta y la cámara baja de Sajonia.

Del artículo del Sr. Müller, quiero destacar que de 1847 a 1849 la sociedad La Conchita había excavado, al final de los antiguos trabajos romanos de la gran cámara de explotación de unos cincuenta metros de longitud que aún es perfectamente visible en la mina Carolina, un pozo vertical de 34 metros de profundidad, dividido en dos niveles: una galería a 8 metros de la boca del pozo y de una longitud de 15 metros, y otra al final del pozo de 29 metros de longitud; también un segundo pozo en esta última galería de 22 metros de profundidad. Precisamente fue a esta profundidad donde el filón se enriquecía más en Oro. Estas labores permitieron al Sr. Hermann Müller reconocer el filón de Cuarzo aurífero; observó que el filón tenía un buzamiento de entre 75 y 80° en las labores antiguas, y que en profundidad era de 90° y en dirección sureste. También que el filón en profundidad tenía una potencia muy fluctuante, con alternancia de segmentos voluminosos, de hasta cuatro metros, a segmentos estrechos, estrangulados de hasta pocos centímetros; este desarrollo del filón en rosario podría haber sido la causa fundamental que explicaría el abandono de la mina al cabo de pocos años.

También hace hincapié en la presencia de sulfoarseniuro de hierro —Arsenopirita FeAsS—, uno de los pocos minerales que podemos encontrar asociados al Cuarzo, y en la tendencia del Oro a aparecer íntimamente asociado a este mineral, evidencia que he podido constatar con las muestras encontradas en el yacimiento. Además, añade que la Arsenopirita es más abundante en profundidad, una observación a considerar si tenemos en cuenta las noticias de los años siguientes que nos dicen que al profundizar las labores aumentaba la presencia de Oro.

Y al tratar del Oro anota tres datos interesantes: que el Oro suele encontrarse principalmente en Cuarzo de color gris negruzco, que del total del filón reconocido, de media un 10 % del Cuarzo contiene Oro visible, y que de estos tramos con Oro el contenido medio es de 0,16 gramos cada kilogramo y que en puntos excepcionales se llega a los 0,63 a 0,94 gramos por kilogramo (156,3 g/t, 625,3 g/t y 937,9 g/t), aunque reconoce que no pudo establecer la ley de Oro del yacimiento. También comenta que el tamaño de las partículas de oro raramente supera el tamaño de un grano de mijo, es decir, que como mucho llegaban a los 3 milímetros. En aquellos años la ley de oro de las minas en explotación en el continente europeo era de 10 a 20 gramos por tonelada y, aunque desconocemos la ley explotada en la mina Carolina, con los estudios del Sr. Müller estimamos que estaría en torno a los 15 gramos por tonelada.


Gold, Carolina Mine, Colera, Girona, collection and photograph Joan Abella i Creus, specimen size 50x36mm

Oro, Mina Carolina, Colera, Girona, colección y fotografía de Joan Abella i Creus, medida del ejemplar 50 x 36mm.

En aquellos primeros años se dotó a la explotación Carolina de diversa infraestructura: se construyeron edificios para los operarios y para almacén; se abrió una galería, denominada Disgusto, con entrada por el barranco de la Murtra, que en mayo de 1851 ya tenía una longitud de 167 metros —pensemos que en aquella época el avance de las labores en el interior de la mina se hacía empleando la pólvora, en forma de cartucho introducido en la barrenada abierta manualmente por operarios expertos, avanzando unos diez metros al mes—, con la intención de instalar raíles y transportar en tren minero el mineral desde el interior de la mina hasta el puerto de Colera, para embarcarlo en barco hasta la fábrica de procesamiento. Lamentablemente no dispongo de ningún testimonio escrito que confirme que finalmente esta infraestructura se acabó ejecutando y menos aún que el transporte se hiciera con un tren minero. Lo que sí es cierto es que el mineral se embarcaba en barco, propiedad de la sociedad La Conchita, en el puerto de Colera y se transportaba hasta la fábrica de procesamiento.

Permítaseme un inciso para aclarar un hecho que puede causar malentendidos. A raíz de la promulgación de la Ley de Minas de 11 de abril de 1849, que no permitía a una persona tener más de dos pertenencias mineras contiguas o tres si era una sociedad de cuatro personas o más, la sociedad La Conchita, que ya era titular de las tres pertenencias que conformaban la mina Carolina, constituyó entre sus socios diversas sociedades —la Casualidad Primera, Casualidad Segunda, Feliz Primera, Feliz Segunda y la Feliz Tercera—, con la finalidad de solicitar las pertenencias contiguas a las de la Mina Carolina para que no les pudieran ser arrebatadas por empresas competidoras. Además, como la ley excluía del trámite de la demarcación a las empresas que tuvieran un ingeniero a su servicio, como era el caso de la sociedad La Conchita con el Sr. Enrique Rosales, pudieron demarcar libremente las pertenencias ahorrándose las inspecciones y la obligación de practicar labores a los pocos meses del trámite. Del mismo modo emitieron acciones de la mina Perrotina, Catalina, Naufrágio, Carrolina y Trementina, respectivamente, que en realidad nunca existieron como tales. No parece un caso especulativo, dado que las acciones pertenecían a los mismos socios y nunca fueron negociadas en ningún mercado de valores; lo que hicieron fue asegurarse unos derechos para que no les pudieran ser arrebatados y aumentar las reservas de capital para la explotación de la mina Carolina. Actualmente estas acciones pueden adquirirse como antigüedad, aunque para no confundirse conviene saber que representan una realidad que nunca existió.


Share certificate of the Carrolina mine, Colera, 1851, property and photograph Joan Abella i Creus

Acción de la supuesta mina Carrolina, de Colera, 1851. Propiedad y fotografía de Joan Abella i Creus.

Retomando el relato, cabe decir que los trabajos de la época fueron ingentes; de hecho, así lo corrobora una noticia aparecida el día 9 de mayo de 1851 en el diario El Heraldo de Madrid, donde podemos leer que la sociedad La Conchita tenía más de trescientas personas trabajando en la mina Carolina. Muchísimo personal si tenemos en cuenta que estas comarcas a mediados del siglo XIX estaban muy despobladas; piénsese que según el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, de Pascual Madoz, en 1849 en Colera vivían 101 personas. Al parecer se desplazaron muchos trabajadores venidos de Francia que incluso formaron una colonia; de hecho, la falta de operarios provocó un aumento del 80 % de los jornales. En este año 1851 los trabajos interiores se enlazaron con la galería que tenía entrada por el barranco de la Murtra, lo que facilitó el transporte del mineral hasta el embarcadero.

En mayo de 1850 se había producido un cambio significativo en la dirección de la compañía minera. El presidente en funciones presentó su dimisión, abriendo paso a una transición empresarial. Tanto la vacante del cargo como la de tesorero fueron ocupadas por nuevos capitalistas, que asumieron el control de la compañía. Este cambio crucial en la sociedad La Conchita tuvo lugar en un momento clave para las inversiones a corto plazo que debían llevarse a cabo y que requerirían mayor capital e influencia. Este apoyo provino, en gran parte, de la sociedad Girona Germans Clavé i Companyia, conocida popularmente como la «casa Girona», liderada por Manel Girona Agrafel (1817-1905), uno de los representantes más destacados de la alta burguesía catalana. El Sr. Manel Girona fue uno de los principales impulsores de la primera revolución industrial en Cataluña y España, cofundador del primer banco comercial e industrial de la península —el Banc de Barcelona—, y de la Companyia General de Tabacs de Filipines, la primera multinacional española; fundó la Cambra de Comerç de Barcelona y además fue alcalde de Barcelona de 1853 a 1861. La sociedad se convirtió en el nuevo tesorero de La Conchita.


Manuel Girona Manuel Girona Agrafel, fotografía hacia 1860, dominio público.

                                    Manel Girona Agrafel, fotografía hacia 1860, dominio público.


Su nuevo presidente fue Josep Manel Planas Compte (1794-1874), notario de Barcelona, que había participado activamente en diversos conflictos bélicos, alcanzando el grado de comandante; fue diputado en las cortes y diputado provincial, e impulsor de la línea de ferrocarriles de Barcelona a Madrid.

Y el cargo de contador recayó en Manel Juan Camps, quien precisamente, unos meses antes, concretamente el 27 de agosto de 1850, en junta general de accionistas cedió a la sociedad La Conchita —y esta aceptó— la fábrica de fundición titulada «San Manuel», situada en el Poblenou de Barcelona, pasando a ser copropietarios los tenedores de las acciones.

En 1851, año en que la compañía La Conchita descubrió la concentración más notable de oro en la veta de cuarzo, tuvo lugar un acontecimiento de gran resonancia internacional: la Great Exhibition of the Industry of All Nations, en el Crystal Palace en el Hyde Park de Londres.

Aunque la participación de España en el evento estuvo muy por debajo de las expectativas esperadas por importantes sectores económicos del país, los miembros de la sociedad La Conchita, declarados liberales y destacados impulsores de la industrialización del país, no desaprovecharon la ocasión, presentando al público de Londres dos ejemplares de Oro en Cuarzo de la mina Carolina, que junto con cuatro de Galenas de las minas de Falset, fueron los minerales de Cataluña que allí se expusieron. No está escrito, pero creo que lo hizo posible la relación entre Josep Manel Planas i Compte, presidente de la sociedad La Conchita, con Laureà Figuerola i Ballester (1816-1903), catedrático de economía y derecho, que llegaría a ser ministro de hacienda y presidente del Senado español, y el máximo impulsor de la implantación de la peseta como unidad monetaria. Laureà Figuerola fue nombrado comisario para representar a España en la exposición de Londres, y ambos eran importantes miembros de la Societat Econòmica Barcelona d'Amics del País, en la que el Sr. Figuerola presentó su informe sobre esta exposición. Cuando el gobierno español hizo un llamamiento para presentar una rica colección de minerales en la exposición de Londres, la sociedad La Conchita facilitó dos ejemplares al departamento de minas de la provincia de Girona, que los hizo llegar a la exposición.


Mining stand at the Great Exhibition of the Works of Industry of All Nations, London 1851

Stand de la minería en la Great Exhibition of the Works of Industry of All Nations, Londres 1851.


Eran dos ejemplares de 8,16 y 2,27 kilogramos respectivamente, y que el Catalogue of the Spanish Productions sent to the Great Exhibitions, publicado en Londres, destacó como más ricos que los del yacimiento de Berezovsky en Rusia, el primer yacimiento de Oro descubierto en 1745 en ese país, con una riqueza media de 30 a 40 gramos por tonelada y que en 1885 produjo 403 kilogramos de oro. Sin duda eran dos piezas destacables, que se exhibieron en uno de los 27 stands habilitados para exponer los minerales de quinientos expositores de todo el mundo, situados inmediatamente a la izquierda de la entrada por la puerta sur en la planta baja del palacio de cristal, y que recibieron la visita de seis millones de personas.


gold, Mina Carolina, Colera, Girona, col.lecció i fotografía de Joan Abella i Creus, mida de l'exemplar visible 40 x 25mm.

Oro, Mina Carolina, Colera, Girona, colección y fotografía de Joan Abella i Creus, medida del ejemplar visible 40 x 25mm.

La exposición fue inaugurada el día uno de mayo y fue clausurada el 15 de octubre de 1851, fecha a partir de la cual muchos de los materiales expuestos fueron retirados por los expositores y otros se distribuyeron a museos de Londres y otras partes del Reino Unido. He indagado y no hay constancia de que los dos ejemplares se quedaran en el Reino Unido, ni tampoco en museos españoles, por lo que pienso que volvieron a manos de la sociedad La Conchita y, muy probablemente, a los hogares de sus principales inversores.

En relación a la fundación del Poblenou de Barcelona, a finales de 1850 se iniciaron los trabajos para reacondicionar la fábrica de hilados de algodón «El Tint», propiedad del banquero Ignasi Girona, padre de Manuel Girona, para convertirla en un establecimiento de amalgamación y beneficio del mineral de oro procedente de Colera. Esta instalación constituiría uno de los primeros establecimientos metalúrgicos del Poblenou barcelonés.

A mediados del año 1851, diversas muestras de Cuarzo aurífero, debidamente selladas y encajadas, fueron enviadas a la Escuela de Minas de Madrid para ser analizadas; los resultados fueron publicados en la Revista Minera, tomo II de 1851, curiosamente por el Sr. Nazario Carriquiri Ibarbegaray (1805-1884), copropietario de diversas sociedades explotadoras de minas de cobre, plomo, hierro y carbón, pero el Sr. Carriquiri no tenía ninguna formación científica, solo realizaba donaciones a la citada escuela; de hecho, tampoco se le conoce formación profesional de ningún otro tipo. El Sr. Nazario Carriquiri es una figura, cuando menos, controvertida, y fue uno de los grandes beneficiados de la desamortización de Mendizábal. Su relación con miembros de la sociedad La Conchita le viene de cuando fue diputado en las cortes por Navarra de 1843 a 1879, coincidiendo con Josep Manel Planas Compte. Carriquiri fue uno de los principales beneficiados a raíz del Real Decreto de 19 de febrero de 1836, decretado por Juan Álvarez Mendizábal, que lo convirtió en uno de los mayores terratenientes de Navarra, junto con Joaquín Fagoaga Laurencena, quien era titular de 40 acciones de la sociedad La Conchita, es decir, el 10,67 % del capital. El Sr. Carriquiri era también un empresario vinculado a la creación de la red ferroviaria de España, relacionado por tanto con la familia Girona.

En el contexto de la minería de mediados del siglo XIX, y concretamente en la literatura especializada del año 1851, era bastante habitual encontrar publicados resultados de ensayos de minerales auríferos que prometían riquezas extraordinarias. Muchas de estas publicaciones destacaban resultados aparentemente espectaculares, pero conviene advertir que a menudo inducían a equívocos notables entre el público lector, principalmente a causa de la falta de rigor en la explicación de la procedencia y naturaleza de las muestras analizadas.

Un ejemplo paradigmático lo encontramos en un artículo publicado en una revista minera de la época sobre los ensayos «realizados» por el Sr. Carriquiri, en el cual, de cada 46 kilogramos de mineral extraídos de la mina Carolina, se obtenían 499,38 gramos de oro; es decir, un 1,09 % de oro en peso, o, extrapolándolo, 10.856,07 gramos de oro por tonelada de mineral. Si se interpretara este valor como la «ley de oro» del filón, sería una falsedad descomunal, ¡una verdadera «fake news» de la época! Lamentablemente, era una práctica poco ética pero relativamente frecuente en la época: los resultados, aun procediendo de ensayos sobre ejemplares puntualmente excepcionales en riqueza, se publicaban como si fueran representativos de un conjunto de ejemplares auríferos del yacimiento —46 kilogramos en este caso—.

Esta confusión se veía amplificada por el hecho de que los ensayos a menudo no distinguían entre el análisis aleatorio del conjunto de un filón de cuarzo aurífero —suficientemente representativa para determinar la ley del mineral— y el análisis de una muestra muy rica o de un ejemplar excepcional. Esta distinción, elemental para cualquier especialista, escapaba a menudo al lector poco avezado de la época, con el resultado de que la noticia de estos rendimientos prodigiosos circulaba sin filtros ni cuestionamientos por los medios de comunicación, alimentando expectativas a menudo irreales.

En definitiva, conviene remarcar que el resultado del ensayo puntual podía ser, en efecto, correcto desde el punto de vista analítico, pero extremadamente engañoso si se presentaba como representativo.
Para que nos hagamos una idea: según el Traité Des Gîtes Minéraux Et Métallifères, de Fuchs Ed. et de Launay, París 1893, entre 1883 y 1884 en la mina Vulkoy Botes en Hungría el contenido de oro por tonelada de mineral aurífero era de 15 a 43 gramos por tonelada y se consideraba elevado; de hecho, a mediados del siglo XIX la media de oro por tonelada mineralizada era de 10 a 20 gramos, y actualmente las minas de Oro operan en porcentajes a menudo inferiores a los 5 gramos por tonelada.

La corta trayectoria de la sociedad minera La Conchita estuvo condicionada por una confluencia de factores geológicos, tecnológicos y económicos que, finalmente, comprometieron su viabilidad. Desde el punto de vista geológico, la explotación se centró en un filón de cuarzo aurífero de tipo rosario, caracterizado por su morfología discontinua, con alternancia de ensanchamientos y estrechamientos súbitos, hasta que, a una determinada profundidad, el filón se redujo a escasos centímetros de anchura, dificultando gravemente la continuidad de la extracción.

A este escenario adverso se añadía el contexto tecnológico de la época: nos encontramos en un momento de transición entre el período preindustrial y los inicios de la industrialización en Cataluña, en que las técnicas de prospección y análisis mineral no permitían aún evaluar con precisión el potencial del filón. Esto, sin duda, limitó la capacidad de toma de decisiones estratégicas y condicionó severamente la inversión a largo plazo.

Paralelamente, el mercado internacional del oro se vio alterado drásticamente con la entrada en escena de los grandes yacimientos californianos y australianos, descubiertos hacía pocos años, que inundaron el mercado europeo de oro a menor coste de extracción y mayor rendimiento, estableciendo un contexto de competencia global muy desfavorable para iniciativas locales con una estructura de costes mucho más elevada.


Gold aggregate, Carolina Mine, Colera, Girona, collection and photograph Joan Abella i Creus, aggregate size 1.75mm

Oro, Mina Carolina, Colera, Girona, colección y fotografía de Joan Abella i Creus, medida del agregado 1,75mm.


Aunque La Conchita disponía de una infraestructura relativamente avanzada para la época, con un modelo de empresa moderno que incluía la presencia de un ingeniero de minas, procesos de beneficio del mineral hasta la obtención de oro refinado y una organización empresarial coherente, estas ventajas no pudieron compensar las limitaciones inherentes del yacimiento ni las dificultades técnicas de la exploración en profundidad. No obstante, lo que hasta entonces no había supuesto un inconveniente —la distancia entre el lugar de extracción y el centro de procesamiento y fundición—, implicaba unos costes logísticos y organizativos adicionales que, en un escenario de rentabilidades menguantes, también incidieron en la inviabilidad económica del proyecto.

Con la coyuntura expuesta, la primera medida que tomaron fue renunciar en marzo de 1856 a 14 de las 21 pertenencias; de hecho, sabemos gracias al censo de 1857 que en ese año ya no habitaba nadie en la caseta de la mina Carolina, por lo que entendemos que se habrían paralizado los trabajos de extracción. También sabemos que en 1861 ya se había cerrado la fábrica del Poblenou de Barcelona, y que en marzo de 1863 se ofrecieron en arrendamiento la explotación de las minas; en ausencia de arrendatarios potenciales, a finales de 1863 la sociedad La Conchita renunció a las últimas pertenencias mineras y se disolvió la sociedad. Y ya no hubo ningún intento más de reanudar la explotación del Oro. La Historia no fue favorable.

Las pertenencias que habían conformado la mina Carolina se volvieron a denunciar en diversas ocasiones como mina de hierro: en 1898 con el nombre de Segunda, en 1916 con el de Carmela y en 1924 con el de Carmen; en estos períodos no se llevaron a cabo trabajos de ningún tipo. Sí consta que los últimos trabajos de explotación de la mina tuvieron lugar en los años 1908-1909 por parte de una sociedad con sede en Madrid, que bajo la razón social de Santana Gayarre y Compañía denunció un gran número de pertenencias mineras con el nombre de mina Cuarta, Quinta, Sexta, Segunda Sexta y Séptima, entre los términos de Colera y Portbou, y extrajo diversas toneladas de Pirita de la antigua mina Carolina para obtener azufre destinado a la elaboración de ácido sulfúrico. Esto explica la presencia de utillaje moderno en el interior de la mina y de restos de escoria de fundición de hierro en el escombrero. Los estériles de estos últimos trabajos de explotación son muy visibles y destacan por conformar un escombrero de coloración ocrácea —resultado de la oxidación de restos de sulfuros de hierro—, superpuesto a la reliquia del antiguo terrero, disperso cuando se acondicionaron las terrazas y los muros de piedra seca para plantar olivos, años después de que la filoxera (Phylloxera vastatrix, un insecto de origen americano que ataca la base de la vid y provoca en poco tiempo su muerte; debido a la rápida reproducción de estos artrópodos), introducida en Francia hacia el año 1865, llegara a Colera en 1879 y en tan solo tres años causara la destrucción total de los viñedos.


Propuesta de un modelo genético

La evidencia geológica, estructural y mineralógica recogida en este trabajo me permite proponer un modelo genético para el yacimiento de oro de Colera basado en tres grandes episodios sucesivos. El primero tuvo lugar en el marco de la orogenia pirenaica, formándose los filones de Cuarzo blanco, con contenido subordinado de sulfuros primarios como Arsenopirita (FeAsS) y Pirita (FeS2), a partir de fluidos hidrotermales.


Gold, Carolina Mine, Colera, Girona, collection and photograph Joan Abella i Creus, specimen size 50x36mm

Oro, Mina Carolina, Colera, Girona, colección y fotografía de Joan Abella i Creus, medida del ejemplar 50x36mm.

El segundo episodio tuvo lugar al formarse las fallas durante el período de distensión tectónica post-orogénica. El filón experimentó una fracturación interna intensa que afectó tanto al Cuarzo como a los sulfuros primarios, y una nueva circulación de fluidos hidrotermales precipitó los sulfuros secundarios como Galena (PbS) y Calcopirita (CuFeS2), provocando la disolución parcial o total de la Pirita y dejando pequeñas cavidades que acabaron tapizadas de cristales euhédricos de Cuarzo de tamaño milimétrico.

Finalmente, en una etapa mucho más reciente y aunque de cronología imprecisa por falta de dataciones directas, un nuevo episodio tectónico generó microfracturas dentro del Cuarzo, y la circulación de fluidos hidrotermales residuales ricos en hidrocarburos (CH4, C2H6) y CO2 favoreció la formación de grafito y la precipitación de Oro en un entorno redox fuertemente reductor.

Durante la compresión tectónica asociada a la orogenia pirenaica (65-35 Ma), los metasedimentos cambro-ordovícicos, que hoy son los esquistos de la caja filoniana, sufrieron una intensa fracturación, generando fracturas subverticales que actuaron como vías preferentes para la circulación de fluidos hidrotermales ricos en sílice, propiciando la formación de los filones de Cuarzo blanco y, de manera accesoria, la precipitación de sulfuros primarios que, en orden decreciente de abundancia, son Arsenopirita FeAsS, Pirita FeS2 y Esfalerita (Zn,Fe)S. Este episodio determinó la estructura y la mineralogía primaria del filón.

Los análisis que he realizado en la Arsenopirita de la mina Carolina revelan que no contiene oro: el oro no está ligado químicamente a la Arsenopirita y, por tanto, este elemento no fue transportado en asociación con el arsénico como en otros yacimientos, sino en una etapa posterior.

Elemento

Tipos de línea

Concentración   condicional

Relación k

Peso %

Peso Sigma %

Atom. %

S

K-Serie

30.68

0.24036

21.18

0.06

35.20

Fe

K- Serie

81.53

0.72905

35.89

0.08

34.25

As

K- Serie

78.17

0.79266

42.94

0.10

30.55

Sb

L- Serie

0.00

0.00000

0.00

0.04

0.00

Total:

 

 

 

100.00

 

100.00


Resultados del análisis de espectroscopía de rayos X por dispersión de energía de un ejemplar de Arsenopirita de la Mina Carolina de Colera.



En la escombrera de la mina, no es difícil encontrar muestras de Cuarzo con una superficie particularmente plana y muy lisa, que delata un segundo episodio geológico que afectó a los filones. Después de la fase compresiva principal, en un contexto tectónico de distensión, hace entre 25 y 14 Ma, tuvo lugar el desarrollo de un sistema de fallas; el deslizamiento causado al desplazarse una pared del encajante con el filón de Cuarzo provocó esfuerzos mecánicos responsables de la fracturación del filón —tanto del Cuarzo como de los sulfuros primarios—, y fenómenos térmicos que habrían reactivado los fluidos hidrotermales, favoreciendo la precipitación de sulfuros tardíos como Galena (PbS) y Calcopirita (CuFeS2). Estos fluidos hidrotermales, de carácter relativamente oxidante, provocaron la disolución parcial o total de la Pirita, generando cavidades relictas dentro del Cuarzo que, en una última etapa, fueron parcialmente tapizadas por cristales euhédricos de Cuarzo translúcido a transparente y de tamaño milimétrico.

Los análisis por EDS realizados en la Galena confirman que tampoco en esta fase el Oro muestra ninguna asociación geoquímica con los sulfuros secundarios. Este hecho refuerza la hipótesis de una tercera etapa mineralizadora independiente, durante la cual el Oro habría sido transportado y precipitado mediante fluidos de naturaleza diferente, muy probablemente en un contexto redox más reductor.


Elemento

Tipos de línea

Concentración condicional

Relación k

Peso %

Peso sigma %

Atom.  %

O

K-Serie

7.93

0.02480

9.34

0.15

47.81

Al

K-Serie

0.33

0.00209

0.28

0.02

0.85

Si

K-Serie

3.69

0.02695

2.77

0.04

8.08

S

K-Serie

5.30

0.04154

3.13

0.05

7.98

Fe

K-Serie

2.39

0.02138

1.35

0.04

1.98

As

K-Serie

1.10

0.01112

0.64

0.31

0.70

Pb

L-Serie

126.64

1.22667

82.49

0.31

32.60

Total:

 

 

 

100.00

 

100.00


Resultados del análisis de espectroscopía de rayos X por dispersión de energía de un ejemplar de Galena de la Mina Carolina de Colera.


De las muestras estudiadas, lo que más me ha llamado la atención es la presencia de Grafito; creo que es el responsable de la presencia de Oro en la mina. Tal como apuntó el Sr. Hermann Müller, y yo he podido verificar, la mayor parte del Oro se encuentra en Cuarzo gris negruzco y asociado a Grafito.


Elemento

Tipos de línea

Concentración condicional

Relación k

Peso %

Peso Sigma %

Atom. %

S

K- serie

1.07

0.00839

3.29

0.06

14.67

Fe

K- serie

2.32

0.02077

2.94

0.03

7.51

As

K- serie

2.31

0.02338

3.03

0.08

5.78

Ag

L- serie

3.82

0.03819

10.34

0.09

13.70

Au

L- serie

53.72

0.53722

80.41

0.13

58.34

Total:

 

 

 

100.00

 

100.00


Resultados del análisis de espectroscopía de rayos X por dispersión de energía de un ejemplar de Oro de la Mina Carolina de Colera.


En una etapa post-orogénica avanzada, la zona de Colera experimentó nuevos episodios tectónicos que provocaron la microfracturación del Cuarzo ya fracturado en una etapa anterior, generando una red fina de fisuras que actuó como receptáculo estructural principal para la formación de Grafito y la mineralización aurífera.

Este sistema de permeabilidad de las fracturas y microfracturas facilitó la circulación de fluidos hidrotermales residuales ricos en hidrocarburos como el metano (CH4), etano (C2H6) y dióxido de carbono, en coherencia con lo propuesto para depósitos orogénicos auríferos similares (Gaboury, 2021). Según este autor, la capacidad de los hidrocarburos presentes en los fluidos para transportar oro en forma de complejos hidrogensulfurados (principalmente Au(HS)-) supera la de los fluidos acuosos estrictos.

Como resultado de la interacción entre estos fluidos y el medio, al descender la temperatura y la presión, se formó el Grafito, tanto en forma de masas cristalinas como en agregados disgregados y sobre todo como inclusiones dentro de las microfisuras del Cuarzo, lo cual le confiere su tono gris negruzco característico.

En este entorno reductor, el Grafito habría actuado como agente reductor, cediendo electrones al oro al desestabilizarse el complejo hidrogensulfuro y liberando Oro; por tanto, el Grafito habría actuado como trampa redox activa.


El Oro

De manera que el Oro nativo en la mina Carolina de Colera se encuentra principalmente rellenando microfracturas dentro del cuarzo de tonalidad gris negruzca. También se observa sobre superficies cristalinas del cuarzo en las cavidades relictas generadas por la lixiviación completa de la pirita. Además, el Oro actúa como cemento, cohesionando fragmentos de Arsenopirita previamente fragmentada mecánicamente en una etapa anterior. Finalmente, también se presenta en asociación directa con Grafito.


gold, mina Carolina, Colera, foto i col.lecció de Joan Abella i Creus, amplada del camp visual 3mm.

Oro, mina Carolina, Colera, foto y colección de Joan Abella i Creus, anchura del campo visual 3mm.


En la etapa final de este último proceso mineralizador, la Arsenopirita experimentó una lixiviación parcial. Como resultado, pueden observarse agregados de Oro nativo que sobresalen de su superficie, formando morfologías que recuerdan pequeñas crestas. Esta etapa culminó con la cristalización de Calcita, que rellenó parcialmente vacíos intercristalinos, especialmente dentro del cuarzo.


Gold y Arsenopirite, Mina Carolina, Colera, Girona, col·lecció i fotografía de Joan Abella i Creus, mida del conjunt 2.5mm.

Oro y Arsenopirita, Mina Carolina, Colera, Girona, colección y fotografía de Joan Abella i Creus, medida del conjunto 2,5mm.


El Oro nativo raramente se presenta en cristales euhédricos, y solo de manera muy ocasional se pueden identificar formas subédricas que han permitido inferir la presencia de formas cristalinas simples, como el cubo y el octaedro, típicas del sistema cúbico. 


Gold, Mina Carolina, Colera, Girona, col·lecció i fotografía de Joan Abella i Creus, mida del cristall 0,15mm.

Cristal subédrico de Oro, Mina Carolina, Colera, Girona, colección y fotografía de Joan Abella i Creus, medida del cristal 0,15mm.


Sin embargo, el Oro se encuentra mayoritariamente en forma de agregados anédricos, con morfologías fuertemente condicionadas por el entorno físico y mecánico. Pueden reconocerse gotas de oro, superficies con huellas de deslizamiento por contacto con el cuarzo, granos alojados en poros submilimétricos dentro del cuarzo o, también, agregados intersticiales en el interior de la arsenopirita y el mismo cuarzo. Estas últimas morfologías, desarrolladas en espacios muy restringidos, confieren al oro un hábito laminar característico.



Oro, cristales subédricos, mina Carolina, Colera, foto y colección de Joan Abella i Creus, anchura del campo visual 1mm.


Por su formación, no es raro encontrarlo asociado al Grafito, a menudo en finas películas entre las capas del esquisto grafitoso asociado al Cuarzo gris.


Gold, Mina Carolina, Colera, Girona, col·lecció i fotografía de Joan Abella i Creus, mida de l'agregat 1.25mm.

Oro, Mina Carolina, Colera, Girona, colección y fotografía de Joan Abella i Creus, medida del agregado 1,25mm.



Tal como ya apuntaba el Sr. Hermann Müller, el tamaño de los granos de oro encontrados en la mina Carolina es, en general, muy pequeño. No obstante, algunas fuentes históricas apuntan a un aumento del tamaño del grano en profundidad. En este sentido, cabe destacar una noticia publicada en el diario El Heraldo (Madrid, 09/05/1851), donde se mencionaba la existencia de granos de oro del tamaño de un piñón. Este tipo de referencias podrían haber sido cuestionadas si no fuera porque he encontrado una muestra con un agregado de oro de aproximadamente 7 mm, un tamaño comparable al de esta semilla en tierras catalanas. Con todo, el oro se encuentra a menudo muy diseminado, con granos inferiores a los 0,1 mm.


Minerales presentes en los yacimientos citados

MineralFórmula IMA
ArsenopiritaFeAsS
BismutoBi
BoulangeritaPb5Sb4S11
CalcitaCaCO3
CalcopiritaCuFeS2
CassiteritaSnO2
EsfaleritaZnS
FluoritaCaF2
GibbsitaAl(OH)3
GrafitoC
KintoreitaPbFe3(PO4)(PO3OH)(OH)6
MalaquitaCu2(CO3)(OH)2
NatrojarositaNaFe3(SO4)2(OH)6
CuarzoSiO2
PiritaFeS2
PirrotinaFe1-xS (x=0 a 0,17)



Boulangerite y gold, mina Carolina, Colera, fotografía y colección de Joan Abella i Creus, altura del campo visual 2,5mm.

Boulangerita y Oro, mina Carolina, Colera, fotografía y colección de Joan Abella i Creus, altura del campo visual 2,5mm.






Joan Abella i Creus
Sabadell, 08 de abril de 2026


Bibliografía:

Carrasco Llensa, Albert (2021). La mineria a Colera, segles XIX-XX. Annals de l'Institut d'Estudis Empordanesos, 52, 427-440.
Gaboury, D. The Neglected Involvement of Organic Matter in Forming Large and Rich Hydrothermal Orogenic Gold Deposits. Geosciences 2021, 11, 344.
Müller, Hermann. "Über die Erzgänge des Grubendistriktes von Culera in Catalonien." A: Cotta, Bernhard von (ed.). Gangstudien oder Beiträge zur Kenntniß der Erzgänge, Zweiter Band. Freiberg: Engelhardt, 1854.
MORGADO-RODRÍGUEZ, A., GARCÍA ALFONSO, E., GARCÍA DEL MORAL, L. F., ESQUIVEL, F. J., BENAVIDES, J. A., ESQUIVEL, J. A., Las representaciones prehistóricas del abrigo de Laja Alta (Jimena de la Frontera, Cádiz). Controversias y datos científicos, Pyrenae 56.1, 2025, 49-79. DOI: 10.1344/Pyrenae2025.vol56num1.2
Soriano, I., Soler, J., & Soler, N. (2012). ¿La primera orfebrería del Nordeste de la Península Ibérica? Nuevas aportaciones a partir de la cuenta áurea del Cau del Tossal Gros (Torroella de Montgrí, Girona). Trabajos de Prehistoria. DOI: 10.3989/tp.2012.12085, 69(1), 149-161.
Storemyr, P. (2014). Chert Extraction in the Stone Age Melsvik Quarries, Norway: Documentation of the 2013 Survey and Fire-Setting Experiments. Report, Per Storemyr Archaeology & Conservation Services, Brugg (CH); for Tromsø University Museum, 64 p.
Y Prensa histórica de la época.

Cualquier persona puede hacer uso de la información contenida en esta entrada; tan solo ruego que citen la bibliografía siguiente:

Abella Creus, Joan "L'Or de Colera, Girona, Catalunya. La mina «Carolina»". Mineralogistes de Catalunya, Vol. 16, núm. 2 (2025-2), pp.55-72.
Abella Creus, Joan "El Oro de Colera, Girona, Catalunya. La mina «Carolina»". Paragénesis, Vol. 5, núm. 2 (2025-2), pp.55-72.